lunes, 15 de julio de 2013

El Chavo o... Shakespeare chiquito


Por:  
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Roberto Gómez Bolaños era un estudiante de ingeniería de 22 años cuando abrió el periódico, se fijo en un anuncio y su vida cambió. Eran los años 50 del siglo pasado, en México la industria del entretenimiento se había consolidado gracias a la llegada de la televisión y las agencias de publicidad no paraban de solicitar creativos.

 A Gómez Bolaños le encantaban las matemáticas y soñaba con diseñar y fabricar juguetes, pero sus notas en la Universidad eran “menos que regulares.” Por eso se atrevió a probar suerte escribiendo anuncios.

Pronto su jefe se dio cuenta de que el aprendiz escribía con cierto sentido del humor y le encargó algunos guiones para programas de radio. Los niveles de audiencia subían igual que los buenos comentarios de los colegas. Entonces comenzó a escribir guiones para programas cómicos y musicales de la televisión. Luego lo llamó el director cinematográfico Agustín P. Delgado quien, deslumbrado por el talento del guionista de baja estatura que desarrollaba los argumentos de sus películas, empezó a llamarlo shakespearito, diminutivo del gran autor inglés cuya pronunciación después castellanizó como “chespirito” y se convertiría en el eterno mote de la máxima figura del humorismo blanco de la televisión en español.

Pero todo ocurrió “sin querer queriendo.” Desde su nacimiento hasta su consolidación artística, la vida de Roberto Gómez Bolaños ha estado marcada por el azar y la intuición. Un día, su madre quiso deshacerse de un fuerte resfriado y se tomó un medicamento que otras veces le había funcionado de maravilla. No sabía, sin embargo, que esa medicina contenía quinina, una fuerte sustancia abortiva. Estaba en los primeros meses de embarazo y no tardó en sentir unos fuertes dolores en el vientre. El médico recomendó “la expulsión del producto”, pero la mujer se negó y el 21 de febrero de 1929 dio a luz al niño que se convertiría en una leyenda del entretenimiento. Muchos años después, en 2007, en medio de la polémica sobre la despenalización del aborto en la Ciudad de México, Gómez Bolaños subrayaría este acontecimiento biográfico en una campaña “a favor de la vida.”  

Chespirito
Chespirito empezó a interpretar pequeños papeles en la televisión y el cine más por cubrir las ausencias de algunos actores que por iniciativa propia. Pero su capacidad histriónica era del agrado de los productores y del público. Esto no lo alejó de la escritura de guiones y de la creación de nuevos personajes. Al contrario: después de formar el cuadro de actores que lo acompañaría durante décadas, en una parodia de las mesas redondas llamada Los súper genios de la mesa cuadrada, se le ocurrió un héroe “más real”, uno que no negara que tenía miedo pero que, al mismo tiempo, fuera capaz de superarlo: El Chapulín Colorado, quien destacaba al combinar refranes populares en un embrollo lingüístico: El éxito fue inmediato (“¡no contaban con mi astucia!”), pero otro personaje lo superaría: El Chavo.


Roberto Gómez Bolaños había visto en la playa de Acapulco a un niño lustrabotas, de unos ocho años y vestimenta sucia y remendada, que cuando ganaba unas monedas corría a comprar un bocadillo de jamón. Escribió un sketch basado en esa imagen y lo guardó en un cajón porque no estaba seguro de que funcionara en la pantalla chica. No obstante, poco tiempo después, ante la necesidad de ofrecer algo nuevo al público, lo “desempolvó”, lo situó en un escenario concreto (el patio de una vecindad) y le agregó algunos interlocutores: La Chilindrina, Quico, Doña Florinda, Don Ramón, el profesor Jirafales, El Señor Barriga y La Bruja del 71. El protagonista no quería ser el típico niño con la picardía de un adulto (como hacían muchos actores): quería conservar la inocencia y la ingenuidad propias de un niño. “Jamás pretendí que el público pensara que yo era un niño. Lo único que buscaba era que aceptara que yo era un adulto que estaba interpretando el papel de un niño.”  


El_Chavo_Cast
El programa era transmitido por el canal de Televisión Independiente de México, que luego se fusionaría con Telesistema Mexicano, cuyo emporio (cuasi monopólico) pasaría a llamarse Televisa. La cadena se dio cuenta de que la historia de ese niño que vivía en un barril no sólo podría ocurrir en México sino también en las favelas de Río de Janeiro, en las barriadas de Lima o en las villas miseria de Buenos Aires y lo vendió a los principales canales de televisión de América Latina.



Después se dobló a 50 idiomasy todavía hoy las repeticiones siguen emitiéndose en una veintena de países. Ante la popularidad internacional, las giras del elenco se hicieron necesarias y lo que ocurría en cada país al que llegaban era sorprendente.  En 1977, por ejemplo, los chilenos los recibieron formando una valla de 17 kilómetros ininterrumpidos, desde el aeropuerto hasta el hotel donde se hospedarían. También establecieron un record en el Estadio Nacional de Santiago (con capacidad para 80.000 espectadores) al dar dos funciones el mismo día. Pero el sitio había sido el principal “campo de concentración” del régimen de Pinochet y el show de chespirito fue denostado por los sectores progresistas de Latinoamérica. 



Con el paso de los años vino la ruptura del equipo. Comenzó cuando Carlos Villagrán (“Quico”) aceptó la oferta de irse a Caracas (Venezuela) para hacer su propia serie (previo pleito con Gómez Bolaños por los derechos del personaje). Luego se iría (“por diferencias personales”) Ramón Valdés (“Don Ramón”). Y hace unos años María Antonieta de las Nieves (“La Chilindrina”) se dio cuenta de que su antiguo jefe no había renovado la propiedad intelectual de los personajes del programa y aprovechó para registrar el suyo a su nombre. Lo logró, pero Televisa la vetó y ha tenido que irse de México para seguir trabajando

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ChavoanimadoEl Chavo dejó de grabarse en 1995, 25 años después de haberse emitido por primera vez.  “Me opuse a correr el riesgo de que El Chapulín y El Chavo llegaran a dar lástima; que llegaran a exhibir los residuos en que se van convirtiendo, inexorablemente, todos los seres humanos”, escribió en Sin querer queriendo, sus memorias publicadas recientemente en México y otros países de América Latina por la editorial Aguilar. Comenzó a interpretar al Chavo a los 42 años y dejó de hacerlo a los 66. Quizá por eso, también, se negó a realizar la versión cinematográfica de El Chavo. “Por la limitación que imponía su escenario natural (la vecindad). Por la dificultad de encontrar un argumento representativo de la serie, sin repetir lo que ya había mostrado la pantalla chica. Y por evitar los acercamientos de cámara a un rostro cada vez más flácido y lleno de arrugas.” Desde 2006, basada en los guiones originales, se emite El chavo animado con la intención de atraer a los hijos y nietos de las primeras generaciones de espectadores. 


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Hoy Roberto Gómez Bolaños (que en el 2000 apoyó la campaña a la presidencia de México del conservador Vicente Fox)  tiene 84 años y vive con dificultades de salud en su casa de Cancún. El año pasado, 17 países se unieron para rendirle un magno homenaje al que asistió conectado a una bombona de oxígeno y, después de un cúmulo de emociones, salió en una ambulancia. El mes pasado corrió el rumor de que había muerto, pero él mismo lo desmintió: “Estoy mal. No puedo caminar y casi no oigo. Eso me impide hacer muchas cosas, como ir al cine o al teatro. Pero sigo vivito y coleando”, dijo en el informativo radiofónico del periodista mexicano Javier Solórzano. 

Se espera que en el otoño de 2014 se estrene la película animada de El chapulín Colorado. Mientras tanto, chespirito sigue haciendo comentarios a través detwitter, donde tiene más de cinco millones de seguidores y donde ha declarado: “yo he sido el mejor negocio que ha tenido Televisa."

1 comentario:

  1. Este es un escrito que da la talla,... Chespirito.. Quien sabia que ese nombre era un diminutivo de Shakespeare???

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