viernes, 25 de octubre de 2013

Recordando Gente de mi Barrio en La Vega

Recordando gente de mi barrio en La Vega.
Jorge A Jorge Batista 10/12/1

Carteret, New Jersey. Habiendo escrito y recorrido
La Vega de Rabo’e Chivo a Mono Moja’o y del Tripero a La Cigua, sólo me resta este homenaje- póstumo en la mayoría de los casos- para aquellos a quienes no sólo llamábamos vecinos, sinó más bien tratábamos como hermanos.

clip_image002Sin otra cosa que no sea por motivos sentimentales que no desvanecen, recordando aquellos que nos vieron nacer y de igual manera con quienes nuestra adolescencia pudimos compartir, es que cerramos con broche de oro nuestra serie veganesca.

Con el deseo, interés y relativa capacidad física y mental, para colaborar con ciertos detalles de la vida y peculiaridades del barrio, quedemos muy pocos. Ellos son: mis hermanas Gertrudis Jorge Durán, Daisy Jorge, Mercedes Gómez Javier,  Antonio Peña, y un servidor.

Para una mejor idea, podríamos trazar una linea imaginaria que encierre lo que llamábamos nuestro barrio, y que comienza así: La lle Duarte desde el cementerio ,hasta la calle Sánchez- doblando a la derecha hasta llegar al Parque Duarte. Sigiemdo por la antígua Ave. Independencia (hoy Juan Bosch) hasta llegar a la antigua Fortaleza- actualmente El Cuerpo de Bomberos de La Vega. Doblando a la derecha está la calle Santomé, que a su vez empalma con la calle principal, una vez Julia Molina, luego Comercio y hoy, Juan Rodríguez; ésta fué el Boulevar de nuestra niñez, adolescencia, sueños e ilusiones. Las familias existían en medio de la escasez y extrema pobreza.

El Parquesito Hostos, nunca lo considerámos como nuestro, ni elllos La Plazoleta como de ellos nos dividía una cortina sentimental- ellos con su fábrica de hielo y los shows de Sonson Lara, y nosotros con la Casa Azul y el cementerio. Nunca tiré una pelota en su territorio y sólo me acuerdo ir cuando traían los caballitos y otros juegos. Siempre los considerábamos a ellos más tigueres que nosotros- eran peleadores.

A propósito del cementerio. Eran los 12 años de Joaquin Balaguer, cuando por denuncias menores, perdía uno la cabeza. Este cementerio tiene muchas historias, entre ellas, la que tuvo que ver con mi Papá, mientras desempeñaba el puesto de encargado del mismo. Personas interesadas en quitarlo del medio y el puesto con las chiripas que podía dejar, se las arreglaron y llevaron un chisme al Palacio, con la denuncia de que el tenía armas escondidas- a estos chivatos que luego supimos quienes fueron, tuvieron las agallas de poner su vida en peligro.  Mi Papá era como la mayoría, antigobierno, pero no tan “Pendejo”, como para meterse en semejante lío. ¡Una acusación bestial, malvada y falsa¡

Se lo llevaron preso, y cuando ya se disponían a maltratar físicamente, si no es por la intervención de Fafo Despradel, oficial de la policía entonces y amigo de infancia, no hubiera vivido para contarlo. Los chivatos ya no viven, y se están achicharrando junto a Balaguer en las brazas del infierno.

La calle Duarte.  Con casi 60 años fuera del país, aún puedo identificar, donde vivía la mayoría de las familias- “ Es un video que no se daña”. En esta calle residían las familias Jiménez, Abreu, Matos ( nuestos parientes), Lara, Mieses, Obregón, Adames y otras.

Calle Sánchez. Familia Alvarez, Pereira, Moya.
Ave. Juan Bosch ( Antígua Independencia). Familia Sicard, Echavarría, Delgado, Espaillat, Rincón, Rosario, Lara, Sanchez.

Calle Padre Billini. Familia Batista, Fernández ( Intermezzo), Daniels, Reyes
.
Calle Juana Dolores Gómez. ( Antígua Estrelleta). Familia Perdomo, Sanabia,Gonzáles, Jiménez,Disla, Del Orbe, Lora Fernández, Mora, Espinál, Morfa, Durán.

Calle Santomé. ( Frente al hoy Cuerpo de Bomberos). Familia Persia, Saldívar ( Corneta de la Fortaleza), Sabá ( Fábrica de gófio).

Calle Juán Rodríguez. ( Primero Comercio, luego Julia Molína).Partiéndo de la calle Sánchez, hacia el Camú. Familia De La Mota, Dr. Castro Valentín, zapatería de José El Chino, Matos, Sánchez. Dr. Tóbas Núñez, Hernándo, Casa Azul ( Euclídes Batista, Guzmán, Jorge, Doña Merín (nuestra abuela) en la ayer y hoy “ Esquina Famosa” y luego la familia De Los Santos Jeréz. Más adelante seguía la familia Gómez Javier, Andíno, esos grandes músicos de la Banda de música, Pililín y Puchulo Gómez El almacén de de papas y cebollas de Coché Rosario. Familia Piña, Peña y Espinal.

He aquí los nombres de aquéllos que recuerdo – ya fallecidos: Sotoyo, Cúso,Vinício, Julíco, Omar, Darío, Boboy, Buríto, Modesto, Luís Pijín, Babán, Tuntún, Josesíto ( boxeador), Fello (zapatero), Moro (el pintor), Oscar (boca’e vaca),Pochón, (Poeta) Cuquín, Sandino, Arturo, Bolo, Danilo, Eladio, Leonte, Armandíto, Bebita y su madre Doña Lola. Mudita, Pudín, Tita, Osíris, Gloria, Luís,Frank, Ulisito, Ruben y Julio. Doña Monga, Goyito,Políto,Ramoncito, Coradin, Tiníta , Biénvenido. Cantalício, Pápi,Nena, su esposo Ramón (albañil), Santo Padilla y Luis ( guitarrista ciego)- caminaba por elmedio de la calle de prisa, sabía por la casa de quien iba pasando.Los quridos José de Oleo y Pedro Larciér.


Empleados de La Casa Azul: Mario, Panchíto, Colás, Ribié, Méndo, Pancho, y el Viejo Lazala.

La cueva del maco. Esta es la callecita despué de la Santomé, que salía al Camú, detrás de la Fortaleza entonces.Safaraya La callecita que antes de llegar al Camú dobla a la derecha y da la vuelta y desemboca en lo que llamábamos 

El Tripero. Muchos creíamos que que el nombre de Tripero era porque el matadero de Cremo quedaba en su entorno. Después de más de 60 años una colaboradora me sacó de mi error. En ésta vecindad, al igual que Cremo, habían otros decendientes directos de africanos, entre ellos Mongo (el ciego) que tocaba “Los palos”, o bongos africanos, cuando se celebraba en La Vega la fiesta de Santa Lucía.

Mujeres trabajadoras y ejemplares. Más que de hombres, esta fue una comunidad de mujeres excepcionales, que además de valientes y luchadoras, aún así, muy sufridas. La gran mayoría de los esposos solías ser mujeriegos e irresponsables. Si le daban a sus esposas los cheles para los frijoles, era una lucha para que flojaran los cuartos para el arroz y aceite. ¡ Pero…eso sí… a las 12:00 le gustaba comer caliente!Dignas de mención son las mujeres que lavaban y planchaban como medio de subsistencia- se podían ver lavando la ropa en el río, y luego planchaban con planchas de carbón.

Llegué a verlas -muchas de ellas ya ancianas- con sus bateas en la cabeza, de ropa para entregar en la ciudad. En su totalidad o la mayoría de ellas no tenían, por lo que no usaban zapatos; fue una época de una pobreza y escasez horrible- tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Se usaban los saquitos de harina, que después de sacarle las letras, se usaban para calzoncillos de hombres. No era raro ver unos calzoncillos con: “Harina Grano de Oro” por detrás.


Casos y lamentables sucesos. Ninguna comunidad estaba a salvo de tragedias y crímenes como aquellos perpetrados por la dictadura - desde muy temprano, comenzó el atropello.

La primera atrocidad llenó de luto a La Vega y en especial a la familia De Los Santos y Jeréz. Don Armando fue asesinado y tirado hecho pedazos en la puerta de la casa. Su viuda y sus hijos nunca pudieron superar el trauma de tan bestial y horrendo crimen.

Más tarde el apresamiento y asesinato de Ramón Espinal Rosario ( Van Elder), sobresaliente hombre de letras, decidido, valiente, y sobre todas las cosas, una de las mentes mas avanzadas de la época. Tras su desaparición quedó desamparada una numerosa familia, de altos valores y una viuda de hierro.

Este caso, aunque no tuvo un desenlace trágico, no dejó de tener un ingrediente de tragedia; envolvió a un valiente y excepcional compañero de nuestros juegos e infancia, y cuyo nombre por respeto me reservo. Ese día en la calle que sale de la Juan Rodriguez y cruza por detrás del cementerio, este hombre, portando una botella con gasolina, parecía trataba de echarle al camión. La botella cogió fuego y el hombre con tal de no quemarse, la lanzó y a nuestro amigo que en el momento pasaba, le cayó en la cabeza, quemándole la mayor parte del rostro. En el barrio todos sufríamos su destino y desgracia- siempre mostró un incalculable valor, y eran tiempos con la incapacidad de los hospitales para atender estos casos. Nunca olvidaremos su cara vendada, y el dolor que siempre sufrió callado.

“Mencionar los ya fallecidos, fué como lámpara en mano, iluminar cada tumba, y poner de relieve, sus apenas leíbles nombres”. ¡ Descansen en Paz compueblanos!.

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