jueves, 13 de febrero de 2014

LA TOLERANCIA

 

 

 

La tolerancia

Por JOSÉ MÁRMOL

La tolerancia no es un capricho; es una conquista de la razón. No se trata de una contingencia individual, sino, José Mármolde una construcción social.

La tolerancia no es un pretexto; no es una disculpa. La tolerancia es una actitud de la conciencia y del espíritu a la que se arriba mediante el conocimiento y la práctica de la libertad y la responsabilidad.

No es la tolerancia una muestra de debilidad, sino, por el contrario, la virtud del fuerte, del que tiene templanza, del que ha hecho de la voluntad una fuerza activa, y no reactiva (Friedrich Nietzsche), una sensibilidad y no una tozudez.

La tolerancia nos muestra la senda del camino más franco; no nos cierra puertas ni horizontes. Flexibiliza y destensa los paradigmas ideológicos, étnicos, religiosos, políticos y culturales; los hace más relevantes ante la imperiosa necesidad de convivencia pacífica para el presente y futuro del individuo libre y de su nación.

Da lo mismo en Lampedusa que en Ceuta o Melilla, en la franja de Gaza o en Albania, en Tijuana o en Mayagüez, en Ouanaminthe o Jimaní. Ser humanitarios y respetuosos de los derechos humanos universales no significa amenaza alguna a la integridad jurídico-política, cultural o territorial de la nación. Peores consecuencias acarrean el sectarismo, el mercadeo del odio y la caricaturización del Estado. Se puede ser tolerantes con apego estricto a la ley.opinion 35

La tolerancia es inclusiva; no excluyente. Nos hace receptivos; no repulsivos. Nos catequiza para el respeto, la consideración al otro, el ser en y por el otro, la compasión. Nos aleja de la soberbia, el egocentrismo rampante, la arrogancia salvaje y la inepcia moral.

Nos coloca por encima del dislate ptolemaico de nuevo cuño, la idolatría proselitista de coto cerrado y cutre del terrocentrismo, la demagogia estéril, el nacionalismo huero e irracional que, paradójicamente, reclama a sus anchas y por beneficio mercurial la globalización del comercio y la planetarización del pensamiento y la cultura.

Pero, aspira, de una vez, a levantar muros de vergüenza, discordia y xenofobia, y desconoce, según su conveniencia, los tratados y acuerdos internacionales o el dictamen de los organismos con potestad regional y legitimidad internacional, en pos de un clamor de soberanía solo útil a la simulación y al discurso autoritario.

La tolerancia es un evangelio; no un culto satánico traficado en forma de falso patriotismo, rechazo del disenso, rabiosas hogueras de libros e ideas, juicios sumarios y descalificación odiosa del punto de vista opuesto a la vocinglería rapaz, movida por dogmas peligrosamente ultraconservadores que son, al mismo tiempo, axiomas seudo políticos que promueven el hambre, la desesperanza, la indigencia de espíritu y la ignorancia.

La tolerancia no es sinónimo de genuflexión ni de debilidad. Gandhi y Mandela liberaron a sus pueblos del colonialismo y el apartheid con el arma inquebrantable de la no violencia y la tolerancia.

Principio de tolerancia equivale a indulgencia, respeto, equilibrio entre despotismo y anarquía, comprensión y cohabitancia de valores.

Voltaire es el maestro del fundamento. Cristo, el mejor ejemplo de la historia. Se pensó y se dijo con bastante antelación: las migraciones y el exilio económico serán el gran problema de la humanidad en el siglo XXI. Pero, si es tan hermosa la diversidad y los vasos comunicantes culturales han aportado tanto a la literatura y el arte universales, la tolerancia es la senda hacia el futuro.

12 febrero, 2014 12:05 am

 Publicado en el  periódico El Día

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